
Windisch es un hombre lleno de parsimonia. Su esposa es una mujer que lleva el rostro de la resignación. Por otro lado, Amelie siempre será perseguida por la opresión. El peletero nunca dejará de ser un peletero. Lo mismo sucederá con los demás personajes en sus respectivos oficios. El espacio donde todos ellos se encuentran está dentro de una Rumania que todavía muestra rezagos de la guerra. Allí también aún existe la tiranía. (Sí, la que corresponde a Nicolae Ceausescu. p. 69). Es ese poder el que se presenta como una sombra constante, como también sucede con el poder de los hombres que arrasa la condición de mujer: (cuestión de género). Delante de todo ello se presenta la figura del faisán considerado como un animal cuya belleza no cuenta, ni siquiera se considera. (El faisán es visto más bien como un ave fácil de cazar, de dominar; como un ser demasiado vulnerable).
Para concretar esta concepción de personajes subyugados, la autora hace uso de un lenguaje donde las figuras se realzan a pesar de los calificativos que llaman a la pobreza, a la desesperanza, a la tristeza. Los adjetivos resultan apropiados y las imágenes que provocan son más que sugerentes. Cada hecho se ubica dentro de lo cotidiano. Lo común de la vida rural y la naturaleza son descritas detalladamente como si se trataran de los elementos pertinentes de un telón desvencijado. Las injusticias terminan de completar esa aura llena de pesimismo, por eso la única solución a ese estado fallido es la salida física del espacio condenado. Para esto el dinero ya no vale lo que debe de valer, lo moral pierde preponderancia y la subsistencia aparece como la mejor opción. Para superar esta pesarosa sobrevivencia se recurre al viaje, a la búsqueda de un nuevo lugar, de una mejor posibilidad de vida. Bajo esta premisa la autora apunta a la imagen de los desplazados, además de las razones que los lleva a comportarse como tales.
El hombre es un gran faisán en el mundo (Siruela, 2009 - Primera edición en español bajo el mismo sello, 1992) se propone como aquel punto donde se demuestra todo aquello que satura y deprime. Es el reclamo en voz baja. Es el discurso que describe su naturaleza como una manera bastante sutil de plantear una protesta. Al concluir su lectura, sólo sus palabras quedan como una reflexión, como un registro, como un sello difícil de borrar o eludir.
Foto Fuente: Siruela






